Hace algunos años emprendimos un viaje que no teníamos idea sería exhausto,
pero mis compañeros de universidad y yo éramos jóvenes, ya saben, cuándo uno es
joven cree que puede conquistar el mundo hasta que se tropieza con una piedra,
pero en este caso no fue una piedra, sino un volcán, un monumento natural
majestuoso con un poco más de 1,200 metros sobre el nivel del mar llamado
Mombacho.
El punto de reunión sería en la estación de buses frente a la UCA (La
universidad Centro Americana en Managua), de ahí partiríamos en un micro bus
expreso hacia Granada, bueno, aunque ya saben que eso de expreso solo en el
expreso de medianoche, los buses de la UCA van parando donde se les ocurra en
busca de pasajeros y llenan el vehiculo hasta donde les quepa gente, de hecho
yo fui uno de ellos al abordarlo en el Kilómetro 14 de la carretera a Masaya,
de ahí al llegar a Granada compramos en un súper mercado algunas cosas que
llevar para comer, como todo unos novatos lo que más compramos fueron snacks y
jugos muy dulces, casi nada de frutas, agua y alimento con proteínas y que nos
dieran energía. Luego se debe tomar un bus que te lleva hasta el empalme El
Guanacaste, en el kilómetro 50 de la carretera que va de Granada a
Nandaime, al bajarse ahí restan cerca de dos kilómetros hasta la caseta
de entrada hacia la reserva. Ahí comienza la aventura.
De la caseta de entrada hasta el punto más alto del volcán existen tres
maneras de subir: A pie (las más difícil pos su puesto), en el camión de la
reserva que si no estoy mal son camiones IFA doble tracción y la tercera es
llevando tu propio vehículo, obviamente este tiene que ser de capacidad 4x4
para poder llegar hasta la cima, pues en su punto medio el camino se pone
bastante inclinado. Nosotros como buenos exploradores elegimos subir a pie,
aunque hubo un grupo reducido de quienes nos acompañaban que pagaron el camión
para evitarse la fatiga, el resto le apuntamos a ya saben “Lo mejor del viaje es el camino”, ya no recuerdo de donde leí esto
pero para mí en lo personal se aplica en todo su sentido. De camino, la reserva
te ofrece aire puro y fresco, el clima es húmedo y el sol no hace con vos lo
que quiere pues no golpea de frente y eso te da una ventaja a no agotarte tan
pronto. El verde predomina por todo el pasaje, arboles, plantas silvestres, mariposas
con colores que probablemente raras veces se ven en la ciudad, si es que llegan
a verse, te recomiendo respirar hondo y disfrutar de ese aire siendo amable con
tus pulmones, para los que vivimos o permanecemos en el corazón y ajetreo de la
ciudad raras veces tenemos la oportunidad de respirar tal aire.
Existen también otros atractivos en toda la reserva, Canopy, Posadas ecológicas
y por su puesto los senderos que realizar estando ya en la cima. “El Cráter” el
más pequeño de ellos, pero nada despreciable, con vistas panorámicas y
el deleite de la humedad en su interior te hacen olvidar todo aquel recorrido
que hiciste viniendo a pie desde abajo, de hecho que el camino te ofrece la
magia de la naturaleza que te alienta a seguir adelante. La ventaja de subir a pie es que poder hacer estaciones y parar cuando querás para tomar fotografias, un refrigerio o simplemente detenerte a contemplar la belleza de la naturaleza. Uno de nosotros fue
vencido por el agotamiento o quizás la falta de condición física, le puede
pasar a cualquiera e igual siempre habrá una oportunidad más para volver a
intentarlo y puedo decirte que valdrá la pena.
El majestuoso volcán Mombacho estará ahí, esperándote para cuando decidás
visitarlo, si pudiera darte un consejo es llevar suficiente agua y alimentos
que te ayuden a seguir adelante recuperando energía, frutas de preferencia.
Para mí y estoy seguro que para mi grupo universitario aquel día fue sin duda
inolvidable.
Hasta la próxima ¡!
